Imagina un país que es un 70% desierto. Su mayor reto es encontrar fuentes de agua potable. Pero también, una forma de alimentar a su población sin empobrecer aún más el país. Esta es la situación en la que se encontraba Israel hace años.
Ahora este pequeño país está a años luz del resto del mundo. De hecho, a pesar de los muchos desafíos, Israel ha conseguido establecerse como líder mundial en la gestión del agua. Y como resultado, ha transformado su sector agrícola.
